El
18 de julio de 1936 los militares más conservadores del Ejército
español se levantaron en armas contra la República. Este
acto significaba el fin del experimento democrático realizado
en España desde abril de 1931. La caída de la Dictadura
del general Miguel Primo de Rivera y el descrédito de la Monarquía
habían posibilitado la proclamación de la II República
Española como panacea que pretendía sacar al país
de su histórico atraso. Sin embargo, los años que van
desde 1931 a 1936 se convirtieron en fiel reflejo de las contradicciones
de la sociedad española. De un lado muchos pedían un cambio
social y económico profundo que acabara definitivamente con el
poder oligárquico en España. Del otro, ese mismo poder,
apoyado por el Ejército y la Iglesia, luchaba por defender su
posición privilegiada. Las elecciones de febrero de 1936 sólo
sirvieron para dividir aún más a los españoles
y tras el triunfo del Frente Popular la oligarquía ya solo tuvo
fe en una acción salvadora del Ejército que librara a
España de la anarquía y la revolución. Se daba
paso así a la Guerra Civil Española.